¿cómo actúa una persona déspota?

¿cómo actúa una persona déspota?

Autocracia

El despotismo (en griego: Δεσποτισμός, despotismós) es una forma de gobierno en la que una sola entidad gobierna con poder absoluto. Normalmente, esa entidad es un individuo, el déspota; pero (como en una autocracia) también se han llamado despóticas las sociedades que limitan el respeto y el poder a grupos específicos[1].

Coloquialmente, la palabra déspota se aplica de forma peyorativa a quienes utilizan su poder y autoridad para oprimir a su población, súbditos o subordinados. Más concretamente, el término suele aplicarse a un jefe de Estado o de gobierno. En este sentido, es similar a las connotaciones peyorativas que se asocian a los términos tirano y dictador[2].

La raíz déspota proviene de la palabra griega despotes, que significa “amo” o “alguien con poder”. El término se ha utilizado para describir a muchos gobernantes y gobiernos a lo largo de la historia. Connotaba la autoridad y el poder absolutos que ejercían los faraones del Antiguo Egipto, significaba la nobleza en las cortes bizantinas, designaba a los gobernantes de los estados vasallos bizantinos y actuaba como título para los emperadores bizantinos. En este y otros contextos griegos o de influencia griega, el término se utilizaba como honorífico y no como peyorativo.

Despotismo

El lamentable estado de la democracia ha suscitado una considerable atención por parte de los estudiosos. Algunos académicos afirman que la democracia está atravesando una “crisis de la mediana edad”. Otros, principalmente de China, sostienen que la democracia occidental, al haber superado su utilidad, está mostrando signos de decadencia. Otros culpan al populismo de haber dado “un golpe de gracia a la democracia”.

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La gobernanza democrática parece haber fracasado a la hora de empoderar a las personas, defender su dignidad y mejorar sus oportunidades de vida. Igualmente desconcertante es el hecho de que el declive de las democracias occidentales, como la de Estados Unidos, coincida con el ascenso de China, denunciada universalmente como un Estado totalitario. Aunque estos fenómenos desconcertantes tienen enormes implicaciones tanto en la teoría como en la práctica, para llegar a un acuerdo con ellos se requiere, sobre todo, claridad conceptual.

En su último libro The New Despotism (El nuevo despotismo), publicado por Harvard University Press, John Keane, teórico político y renombrado estudioso de la democracia, ofrece un análisis fundamental de las aberraciones de la democracia y el surgimiento de lo que él llama “el nuevo despotismo”. Lleva décadas rastreando la trayectoria de la democracia en todo el mundo y cartografiando los cambios que ha sufrido en diferentes escenarios.

Despotismo ilustrado

Un déspota personal es el “ejercicio totalitario, ilimitado y sin control de los poderes gubernamentales, también un sistema de gobierno en el que se ignoran los derechos y las libertades de los individuos” (Raymond). Un déspota personal es un dictador o un tirano por naturaleza. Esto es básicamente lo que dice la definición. Sin embargo, algunos filósofos y pensadores creen que los déspotas no tienen que ser necesariamente injustos y totalitarios. Aristóteles, uno de los pensadores y filósofos políticos más influyentes, propuso la idea de un déspota benefactor. El argumento básicamente afirma que este gobernante es un déspota, un individuo totalitario, sin embargo, puede seguir beneficiando al Estado. Aristóteles describe con detalle cómo actúa el déspota benefactor y cómo mantiene su autoridad en función del beneficio y el bienestar del Estado.

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Ejemplos de despotismo en la actualidad

Sus constituciones políticas muestran de una u otra forma una separación de poderes, que tiene como objetivo específico impedir la acumulación de poder arbitrario e irresponsable en una sola función de su gobierno. Por el contrario, el despotismo es una forma extrema de gobierno que concentra un poder arbitrario, que puede extenderse a todos los ámbitos de la vida.

En El espíritu de las leyes (1748), demuestra que el despotismo es un peligro siempre presente y una amenaza persistente para el florecimiento humano en todas partes y siempre. Incluso quienes tienen la suerte de vivir fuera de las fronteras de un gobierno despótico pueden ser víctimas de las prácticas despóticas. En respuesta, Montesquieu enseña que el desenmascaramiento del despotismo debe seguir siendo un esfuerzo central en la vida social y política.

En la medida en que se le recuerda hoy en día, a Montesquieu se le atribuye ser el inspirador de la teoría de la separación de poderes, esas barreras constitucionales al despotismo que pueden, paradójicamente, hacernos sentir complacidos en cuanto a nuestra libertad. Los redactores de la Constitución de los Estados Unidos, de hecho, le llamaron el “oráculo” de la separación de poderes al inspirarse en sus enseñanzas políticas.

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