¿cuál es la memoria histórica de nuestro país?

¿cuál es la memoria histórica de nuestro país?

Memoria histórica españa

Representa una forma específica de memoria cultural, que contribuye de forma esencial a la cohesión de los grupos nacionales. Históricamente, las comunidades nacionales han recurrido a ceremonias y monumentos conmemorativos, mitos y rituales, y han glorificado a individuos, objetos y acontecimientos de su propia historia para producir una narrativa común[1].

En esta imagen pueden verse versiones contradictorias de la memoria nacional, ya que la bandera moderna de Estados Unidos ondea junto a una bandera nacional confederada y una bandera de batalla confederada. Estas banderas representan el legado de dos ejércitos que históricamente estuvieron en conflicto directo durante la Guerra Civil estadounidense. A pesar de que dos de estas banderas representan a un enemigo de los Estados Unidos, todas ellas ondean juntas con la intención de comunicar el patriotismo moderno del propietario.

La memoria nacional suele consistir en una interpretación compartida del pasado de una nación[2]. Dichas interpretaciones pueden variar y, a veces, competir entre sí[2]. Pueden ser cuestionadas y aumentadas por una serie de grupos de interés, que luchan para que sus historias sean reconocidas, documentadas y conmemoradas y remodelan los relatos nacionales. [A menudo, la memoria nacional se ajusta para ofrecer una visión politizada del pasado con el fin de que una posición política parezca coherente con la identidad nacional[4]. Además, afecta profundamente a la forma en que se perciben y registran los hechos históricos y puede eludirlos o apropiarse de ellos[4]. Un repertorio de estrategias discursivas funciona para emocionar la narrativa nacional y nacionalizar los pasados personales[5].

Ejemplos de memoria histórica

Ley 52/2007 por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura Ley 52/2007 por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura), comúnmente conocida como Ley de Memoria Histórica, es una ley española aprobada por el Congreso de los Diputados el 31 de octubre de 2007. [1] Se basa en un proyecto de ley propuesto por el gobierno del Partido Socialista Obrero Español del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. La Ley de Memoria Histórica reconoce principalmente a las víctimas de ambos bandos de la Guerra Civil española, otorga derechos a las víctimas y a los descendientes de las víctimas de la Guerra Civil y de la posterior dictadura del general Francisco Franco, y condena formalmente las represiones del Régimen de Franco.

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Tanto el conservador Partido Popular como Izquierda Republicana de Cataluña (ERC) votaron en contra de la aprobación de la ley, pero por motivos diferentes[2]. Para su voto negativo, el Partido Popular acusó al gobierno del Partido Socialista de debilitar el consenso político de la transición a la democracia y de “utilizar la Guerra Civil como argumento de propaganda política”, mientras que Izquierda Republicana de Cataluña rechazó la ley por considerarla insuficiente[3][4].

La historia es la memoria de una nación la declaración es dada por

Lo que me llamó la atención de inmediato fue la sensación de que estas tres historias ponen de relieve un elemento importante de lo que llamamos memoria histórica. Si pensamos en la historia como el estudio formalizado y sistemático del pasado a través de las fuentes y el material que dejaron las personas en el pasado, entonces la memoria histórica es la fuerza de esas historias tal y como se transmiten social, cultural y políticamente a través de un grupo o comunidad de personas. Intentar definir lo que es y lo que no es la memoria histórica, o lo que cuenta como memoria histórica, puede ser una experiencia frustrante a través de varios rodeos de debate académico entre historiadores, sociólogos, antropólogos, psicólogos y otros estudiosos. A riesgo de pasar por alto estos importantes debates académicos, quiero ofrecer a los educadores de historia dos formas particulares que nos ayuden a considerar el valor de la memoria histórica.

Para terminar, insto a los educadores de historia a que acojan las posibilidades de enseñar y aprender con la memoria histórica. Una crítica común a la memoria histórica es la posibilidad de que dicha memoria sea parcial, sesgada o inexacta, como la preocupación de que el recuerdo de un individuo no sea fiable, o que la memoria cultural de una época o período de tiempo sea siempre parcial e incompleta, o que las memorias nacionales que rodean a una figura o acontecimiento prominente mantengan ciertas dinámicas de poder e ideologías. Los historiadores y los profesores de historia se esfuerzan a veces por señalar cómo las memorias históricas tienen el potencial de engañar o desviar la realidad de “lo que realmente ocurrió” en el pasado. Se trata de una tendencia a considerar la memoria como problemática, en el mejor de los casos, o peligrosa, en el peor, con el temor de que la memoria histórica pueda contaminar o enturbiar una representación precisa del pasado. En relación con esta crítica, algunos historiadores tienden a relegar la memoria histórica a los actos de conmemoración del pasado o de preservación del mismo, actos que se consideran menos rigurosos que el aprendizaje del pasado o la enseñanza del pasado tal y como fue realmente.

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Ley de memoria histórica españa

Los investigadores se han preguntado por la recuperación de situaciones traumáticas como el Holocausto, el bombardeo de Hiroshima, la guerra de Vietnam o las masacres fratricidas en Yugoslavia. Aunque algunos estudios clásicos han identificado aspectos importantes relacionados con la historia y la memoria, existen diversas formas de abordar el pasado, todas ellas con intereses, poder y exclusión. La política de la memoria justa con respecto a los crímenes cometidos en el pasado, un debate en el que se han implicado diversos ámbitos académicos así como la sociedad en general, depende de procesos de selección y también de elementos que van más allá del alcance de la razón humana. Es necesario encontrar un equilibrio entre la obsesión por el pasado y los intentos de imponer el olvido. Nuestro objetivo, por tanto, es ampliar nuestra comprensión de la historia, la memoria y el olvido, haciendo hincapié en sus límites, así como en sus implicaciones éticas y morales.

1El objetivo de este artículo es investigar los impases entre la memoria y el olvido que están presentes en los debates sobre la conservación y la difusión de los archivos asociados a los conflictos, las guerras y los períodos de opresión política. El debate sobre la justicia por los crímenes cometidos en el pasado, en el que se han implicado diversos ámbitos académicos y la sociedad en general, se ve muy favorecido por los documentos y los testimonios, aunque no depende únicamente de ellos. Sin embargo, las sociedades no siempre deciden recordar. Nuestro objetivo, evidentemente, no es dedicar toda esta discusión al recuerdo y al olvido, sino ampliar nuestra comprensión de estos términos, lo que implica también establecer sus límites.

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