¿qué significado tuvo la batalla de alarcos?

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La batalla de Alarcos (18 de julio de 1195),[4] fue una batalla entre los almohades liderados por Abu Yusuf Ya’qub al-Mansur y el rey Alfonso VIII de Castilla,[5] que se saldó con la derrota de las fuerzas castellanas y su posterior retirada a Toledo, mientras que los almohades reconquistaron Trujillo, Montánchez y Talavera.[4]

En 1189, el califa almohade Yaqub al-Mansur regresó de Marrakech para luchar contra los portugueses que, con la ayuda de una alianza cristiana, se habían apoderado de Silves. Logró reconquistar la ciudad y regresó a su capital.

Se produjo un armisticio entre los almohades y los reyes cristianos de Castilla y León. Al expirar la tregua, y tras recibir la noticia de que Yaqub estaba gravemente enfermo en Marrakech y de que su hermano Abu Yahya, gobernador de Al-Andalus, había cruzado el Mediterráneo para declararse rey y apoderarse de Marrakech, Alfonso VIII de Castilla decidió atacar la región de Sevilla en 1194[6] Una fuerte hueste al mando del arzobispo de Toledo (Martín López de Pisuerga), que incluía a la Orden militar de Calatrava, saqueó la provincia. Tras haber aplastado con éxito las ambiciones de su hermano, a Yaqub al-Mansur no le quedó más remedio que dirigir una expedición contra los cristianos, que ahora amenazaban la provincia norte de su imperio[6].

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batalla de río salado

Los conflictos adoptaron la forma más mundana de batallas libradas para obtener beneficios materiales y prestigio. Y, tan a menudo como los líderes musulmanes y cristianos lucharon entre sí, lo hicieron contra rivales que eran sus correligionarios.

Las siguientes batallas clave en las que participaron fuerzas musulmanas y cristianas en Al-Andalus revelan la complejidad de los asuntos militares. Cada encuentro representa un momento único en la historia de Al-Andalus, que finalmente condujo a su desaparición.

Esta batalla tuvo lugar cerca del río Guadalete, cerca de la costa sur de la península Ibérica, entre fuerzas musulmanas y visigodas. Un ejército musulmán árabe y amazigh (bereber) de entre 7.000 y 10.000 soldados cruzó a España – “la tierra de los vándalos” o Andalus, como ellos la llamaban- desde el norte de África. Los amazigh (bereberes) posiblemente recibieron la ayuda del gobernador de Ceuta, el conde Julián. Éste les confirmó que la península ofrecía numerosas riquezas. Las fuerzas desembarcaron cerca de una gran montaña. Más tarde se le llamó Gibraltar (jabal Tariq, o montaña de Tariq) en homenaje al comandante del ejército, Tariq ibn Ziyad.

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La batalla de Alarcos (18 de julio de 1195),[4] fue una batalla entre los almohades liderados por Abu Yusuf Ya’qub al-Mansur y el rey Alfonso VIII de Castilla,[5] que se saldó con la derrota de las fuerzas castellanas y su posterior retirada a Toledo, mientras que los almohades reconquistaron Trujillo, Montánchez y Talavera.[4]

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En 1189, el califa almohade Yaqub al-Mansur regresó de Marrakech para luchar contra los portugueses que, con la ayuda de una alianza cristiana, se habían apoderado de Silves. Logró reconquistar la ciudad y regresó a su capital.

Se produjo un armisticio entre los almohades y los reyes cristianos de Castilla y León. Al expirar la tregua, y tras recibir la noticia de que Yaqub estaba gravemente enfermo en Marrakech y de que su hermano Abu Yahya, gobernador de Al-Andalus, había cruzado el Mediterráneo para declararse rey y apoderarse de Marrakech, Alfonso VIII de Castilla decidió atacar la región de Sevilla en 1194[6] Una fuerte hueste al mando del arzobispo de Toledo (Martín López de Pisuerga), que incluía a la Orden militar de Calatrava, saqueó la provincia. Tras haber aplastado con éxito las ambiciones de su hermano, a Yaqub al-Mansur no le quedó más remedio que dirigir una expedición contra los cristianos, que ahora amenazaban la provincia norte de su imperio[6].

estado califal almohade

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La batalla de Alarcos (18 de julio de 1195),[4] fue una batalla entre los almohades liderados por Abu Yusuf Ya’qub al-Mansur y el rey Alfonso VIII de Castilla,[5] que se saldó con la derrota de las fuerzas castellanas y su posterior retirada a Toledo, mientras que los almohades reconquistaron Trujillo, Montánchez y Talavera.[4]

En 1189, el califa almohade Yaqub al-Mansur regresó de Marrakech para luchar contra los portugueses que, con la ayuda de una alianza cristiana, se habían apoderado de Silves. Logró reconquistar la ciudad y regresó a su capital.

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Se produjo un armisticio entre los almohades y los reyes cristianos de Castilla y León. Al expirar la tregua, y tras recibir la noticia de que Yaqub estaba gravemente enfermo en Marrakech y de que su hermano Abu Yahya, gobernador de Al-Andalus, había cruzado el Mediterráneo para declararse rey y apoderarse de Marrakech, Alfonso VIII de Castilla decidió atacar la región de Sevilla en 1194[6] Una fuerte hueste al mando del arzobispo de Toledo (Martín López de Pisuerga), que incluía a la Orden militar de Calatrava, saqueó la provincia. Tras haber aplastado con éxito las ambiciones de su hermano, a Yaqub al-Mansur no le quedó más remedio que dirigir una expedición contra los cristianos, que ahora amenazaban la provincia norte de su imperio[6].

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