¿quién lideró la quinta cruzada?

¿quién lideró la quinta cruzada?

La quinta cruzada: una visión concisa para los estudiantes

La Sexta Cruzada (1228-1229), también conocida como la Cruzada de Federico II, fue una expedición militar para reconquistar Jerusalén y el resto de Tierra Santa. Comenzó siete años después del fracaso de la Quinta Cruzada y apenas hubo combates. Las maniobras diplomáticas del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de Sicilia, Federico II, hicieron que el Reino de Jerusalén recuperara cierto control sobre Jerusalén durante gran parte de los quince años siguientes, así como sobre otras zonas de Tierra Santa.

La Quinta Cruzada terminó en 1221, sin haber conseguido nada. A pesar de las numerosas promesas, Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, nunca se unió a la campaña, a pesar de su promesa de hacerlo. Las fuerzas que envió a Egipto llegaron demasiado tarde para marcar la diferencia en la debacle, en parte debido a la falta de liderazgo efectivo. Tendrían que esperar muchos años más por las acciones de Federico[1] Cuando Inocencio III murió en 1216, su sucesor Honorio III no hizo cumplir inmediatamente el voto de Federico, sino que le recordó que el mundo cristiano había esperado su acción. Gregorio IX, el sucesor de Honorio, convertido en Papa en marzo de 1227, no sería tan amable con el emperador. En Siria y Egipto, los ayubíes estaban inmersos básicamente en una guerra civil, que enfrentaba al sultán al-Kamil con muchos de sus hermanos y otros parientes. Sin embargo, la oferta de territorio del sultán a cambio de la paz hecha durante la Quinta Cruzada seguía sobre la mesa, y Federico sería quien la aprovechara[2].

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La quinta cruzada en un minuto

La Quinta Cruzada (1217-1221) fue una campaña de los europeos occidentales para reconquistar Jerusalén y el resto de Tierra Santa conquistando primero Egipto, gobernado por el poderoso sultanato ayubí, dirigido por al-Adil, hermano de Saladino.

Tras el fracaso de la Cuarta Cruzada, Inocencio III volvió a convocar una Cruzada y comenzó a organizar ejércitos cruzados dirigidos por Andrés II de Hungría y Leopoldo VI de Austria, a los que pronto se unió Juan de Brienne. Una campaña inicial a finales de 1217 en Siria no fue concluyente, y Andrés partió. Un ejército alemán dirigido por el clérigo Oliver de Paderborn, y un ejército mixto de soldados holandeses, flamencos y frisones dirigido por Guillermo I de Holanda, se unieron entonces a la Cruzada en Acre, con el objetivo de conquistar primero Egipto, considerado la llave de Jerusalén. Allí llegó el cardenal Pelagio Galvani como legado papal y líder de facto de la Cruzada, apoyado por Juan de Brienne y los maestros de los Templarios, Hospitalarios y Caballeros Teutónicos. El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico II, que había tomado la cruz en 1215, no participó como había prometido.

La quinta cruzada

Tras ocupar el puerto de Damietta, los cruzados marcharon hacia el sur, hacia El Cairo, en julio de 1221, pero fueron rechazados después de que sus suministros, cada vez más escasos, les obligaran a retirarse. Un ataque nocturno del sultán Al-Kamil provocó un gran número de pérdidas entre los cruzados y, finalmente, la rendición del ejército. Al-Kamil aceptó un acuerdo de paz de ocho años con Europa.

Mediante procesiones, oraciones y prédicas, la Iglesia intentó poner en marcha otra cruzada, y el Cuarto Concilio de Letrán (1215) formuló un plan para la recuperación de Tierra Santa. En la primera fase, una fuerza cruzada de Austria y Hungría se unió a las fuerzas del rey de Jerusalén y del príncipe de Antioquía para recuperar Jerusalén. En la segunda fase, las fuerzas cruzadas lograron una notable hazaña al capturar Damietta en Egipto en 1219, pero bajo la urgente insistencia del legado papal, Pelagio, lanzaron entonces un temerario ataque a El Cairo en julio de 1221. Los cruzados fueron rechazados después de que sus suministros, cada vez más escasos, les obligaran a retirarse. Un ataque nocturno del gobernante de Egipto, el poderoso sultán Al-Kamil, provocó un gran número de pérdidas entre los cruzados y, finalmente, la rendición del ejército. Al-Kamil aceptó un acuerdo de paz de ocho años con Europa.

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La quinta cruzada: egipto en lugar de tierra santa

Juan de Brienne Bohemundo IV Hugo I Kaykaus I Federico II Leopoldo VI Alberto IV Luis I Luis IV † Otto I Pedro de Montaigu Hermann von SalzaGuérin de Montaigu Andrés II Guillermo I Felipe II Enrique I de Rodez † Pelagio Galvani

Tras ocupar el puerto de Damieta, los cruzados marcharon hacia el sur, hacia El Cairo, en julio de 1221, pero fueron rechazados después de que sus suministros, cada vez más escasos, les obligaran a retirarse. Un ataque nocturno del sultán Al-Kamil provocó un gran número de pérdidas entre los cruzados y, finalmente, la rendición del ejército. Al-Kamil aceptó un acuerdo de paz de ocho años con Europa.

El Papa Inocencio III ya había planeado desde 1208 una cruzada para reconquistar Jerusalén. En abril de 1213 publicó la bula Quia maior, en la que llamaba a toda la cristiandad a unirse a una nueva cruzada[1], a la que siguió otra bula, la Ad Liberandam, en 1215[2].

El mensaje de la cruzada fue predicado en Francia por Roberto de Courçon; a diferencia de otras cruzadas, pocos caballeros franceses se unieron a ella, pues ya estaban luchando en la cruzada albigense contra la secta herética de los cátaros en el sur de Francia.

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